El perro marrón

Entre los 10 y los 12 años, todo mi mundo giraba alrededor de jugar a la pelota. Allí, la canchita del barrio que, con su piso de tierra y arcos imaginados entre árboles y bultos de ropa, era el sitio más deseado de la tierra. Almorzar después de la escuela y salir a patear hasta … Sigue leyendo El perro marrón

El Candidato

—¡Nuestro país es el mejor país del mundo!— Hizo una pausa, miró al auditorio, y agregó—¡Por eso nos envidian, por eso nos quieren quitar lo que es nuestro, lo que por derecho es del pueblo y de nadie más! ¡Yo no lo voy a permitir! Ubaldo terminó casi en un grito y se calló de … Sigue leyendo El Candidato

Florencia

¿Cómo puede ocurrirte tanta creatividad, tanto talento? Respiras el genio artístico de los hombres, tan suelto, tan libre. Pareces un sitio escogido por Dios para regalarnos su don, donde lo divino y lo humano se funden para hacerte un lugar único, donde los hacedores de belleza se desparramaron sobre tus rincones, haciendo que surja la … Sigue leyendo Florencia

New York

La primera impresión al llegar es que, o todo parece excesivamente grande, o uno es demasiado pequeño. New York te hace sentir pequeño.   La magnitud de su porte y de su historia, de su poder y de sus construcciones, te hace sentir pequeño al principio, sólo al principio.   Mirar hacia el cielo y sólo ver … Sigue leyendo New York

Potrero

Jugar a la pelota fue la principal motivación para levantarse cada madrugada para ir a la escuela durante casi toda la infancia masculina de la década del setenta. Cuando ocurría la magia, nuestro nombre cambiaba en una asombrosa metamorfosis por el de aquellos que hacían latir nuestra alma. Así nos convertíamos en Alonsos, Curionis, Perfumos, Bochinis o Bertonis, Suñes, Cárdenas, Telchs, Chazarretas, y a veces también en el Pato Fillol, los ídolos futbolísticos de antaño.