Eterna

Pasaron tres meses y una semana. Aunque todavía es presente para mí, es hoy.

Es algo que perdió el tiempo, lo olvidó no se por donde.

Porque en una parte mía, el tiempo discurre como siempre, inexorable, implacable, y sin pausa.

Pero en ese otro lugar, donde habita lo más profundo, allí el tiempo se detuvo, o más bien no existe. Sigo experimentando el 9/12/2018 una y otra vez, como aquella vieja película en que el día se reiniciaba, una vez tras otra, siempre igual a sí mismo, cuál pesadilla inevitable. Este, en cambio, es un sueño maravilloso del cual no quiero despertar.

Y más allá de disfrutar, mirar las escenas, las películas, los goles, me pregunto porque, porque me aferro sin quererlo y sin buscarlo a esta escena inolvidable. Porque suelen ser las heridas las que se vuelven eternas en los corazones humanos, pero en mí las lágrimas son de alegría y no se me gastan, no se van.

Y creo que es porque este River de Gallardo me llevó a visitar todos los lugares futbolísticos que eran dolorosos, para mí y para todos los que sentimos a River con pasión, a esos lugares a los que no queríamos ir, de donde queríamos escapar, porque sabíamos que cuando los transitaramos iba a volver el dolor, una y otra vez.

Pero él nos condujo hasta ellos y nos obligó a enfrentarnos a cada miedo, a cada fantasma, a cada frustración de la historia, a pelear y a derrotarlo. Uno por uno, los visitamos a todos.

Empezó el 27 de noviembre de 2014 y terminó el 9 de diciembre de 2018.

Eran todos traumas basados en la historia. Reales, verdaderos, invencibles, hasta que él llegó.

Gallardo es el personaje que me invitó a creer, me obligó a creer a pesar de mi fatalismo, de mis tragedias cotidianas muchas más veces imaginarias que reales.

Es fútbol si. Pero no, es otra cosa, es más profundo. Es encarnar la lucha contra lo inevitable que nos habita y nos atraviesa.

Este Napoleón se plantó frente al destino y cambió para siempre la historia. Desde allí me habla, me interpela a no dejarme vencer sin pelear, sin darme la oportunidad de creer que a veces los sueños se hacen realidad, que en mi destino tengo algo que ver.

En River la historia se partió. Es A.G. y será D.G. cuando el tiempo o el destino se lo lleven a conquistar otros miedos, a sanar otros traumas, otros dolores e inventar otras historias inolvidables.

Mientras tanto, disfruto cada día y aprendo a mirarle la cara al futuro con otros ojos.

La final fue impensada, casi se vuelve imposible, y con todo en contra, se hizo definitivamente eterna.

Es fútbol, ya se. Pero no.

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