LOCOS

Locos

1.

Estadio Santiago Bernabéu

Madrid

9 de diciembre, alrededor de la medianoche

La tensión que siente en todo el cuerpo es insoportable, le duele la cabeza, el estómago, los músculos. Tiembla todo. No quiere mirar, no puede mirar. El estadio es gigante y él está sentado cerca del arco que da al sur, en la segunda bandeja. El arco que no tiene arquero, porque el de verde que atajaba ahí se las picó hace rato a jugar de delantero.

Lo ve al uruguayo Nández, que cruza la mitad de la cancha y tira el centro número mil, ¿el último?; la pelota cae en el medio del área de River, entre un remolino de piernas entrelazadas que la buscan y el que le termina acertando es Jara, que la patea contra el palo salvador del arco de Armani. Matías baja la cabeza y aprieta los puños, mientras el “uhhh” recorre su espalda. Mira el reloj del estadio: 119:55. “Ya está, Matías, ya está”, piensa. Pero no, todavía no está, falta patear el córner. El viento le enfría la cabeza y, a pesar de los seis grados de temperatura, tiene las manos empapadas y la boca tan pastosa que no puede despegar los labios.

Última jugada, último córner. No puede parar de temblar. De golpe se da cuenta de que se siente casi igual que ayer a la tarde, cuando la mano le temblaba a pesar de tenerla apretada a la de Sofía, delante del cura que lo miraba raro.

El cura que lo estaba casando con el amor de su vida.

2.

Matías se considera un enfermo del fútbol, bueno, del fútbol estrictamente no, de River, que lo vuelve loco desde siempre. No sabe muy bien de dónde le surgió tanta pasión por estos colores, ya que es el único futbolero que hay en la familia. Desde el momento que tuvo un mango encima y edad para darse permiso, empezó a seguir a River por donde sea. Allá por el 2011 soportó las cargadas interminables del descenso, pero paradójicamente fue en aquel tiempo cuando su locura se multiplicó. El periplo le costó tres trabajos y dos novias, que no se bancaron más sus excusas de adicto irrecuperable. “Esta es la última vez”, era su frase de cabecera en aquellos tiempos.

Recuerda los diálogos con su mamá en el inolvidable 2015

—¡No puede ser, Matías!, ¡nunca aportás un mango! —le decía su mamá cada vez que le pedía unos pesos para la casa—. Eso sí, que el millo de aquí, que el millo de allá, para eso nunca hay un no ¿Vos qué te crees, que vivimos del aire acá?

—Ma, te prometo que el mes que viene te doy, ya falta menos, pero no me puedo perder Belo Horizonte; después del receso, te doy algo —le decía en la copa del 2015.

—¡“Belo Horizonte”, dice el señor! Pero si el otro día me dijiste que siempre pierden con esos, acaban de perder acá, ¡imagínate allá! El baile que les van a pegar. ¡Qué ganas de tirar la guita que tenés!

—Es distinto, vieja, tengo un pálpito, con el Muñe es distinto, vas a ver.

—Y dale con el Muñe… madurá de una vez, ¡una muñeca inflable te voy a dar!

Así pasó Belo Horizonte, y después, Asunción y México DF.

Verlo campeón de América en un Monumental tan loco como él, por primera vez en su vida, fue increíble. El rojo de la tarjeta de crédito y el descubierto del banco, también.

3

—Hostias, chaval, tranquilo, que lo estáis ganando —le dice un español sentado a su lado vestido con el buzo del Real Madrid, y le habla a su esposa—: Joder, Enriqueta, que ya te lo he dicho, estos argentinos se ponen de putas con el fútbol, mira a este chaval cómo tiembla.

—Estoy bien, estoy bien —dice Matías.

—Hombre, que te digo que te calmes, que te va a dar un infarto.

Se demora el córner, una, dos veces y nada. Al fin, el 7 patea y la pelota comienza su viaje combado. El nudo que era sólo del estómago lo siente desde la lengua hasta el dedo gordo del pie. La pelota llega al punto máximo de altitud cerca del borde del área grande, levita un instante, para empezar a caer hacia el centro del área chica. “No mires”, se ordena, pero el ojo izquierdo siempre es tramposo y se abre justo en el momento en que la pelota llega al área dos segundos después de que la patearon.

4.

Buenos Aires

Marzo de 2018

El 7 es el civil. El 8 es la iglesia a las 12 y la fiesta a las 14. Conocer a Sofía es lo más fuerte que le pasó en sus 30 años (si descuenta a River, claro). Se enamoró de una y en aquel marzo de 2018 le propuso casamiento. Él no es muy creyente pero ella sí, devota de la Virgen y siempre soñó con casarse el 8 de diciembre. Matías hace las cuentas mentalmente y están bien. Si llegan a ganar la Copa, el Mundial de clubes empieza el 18. Un poco justos, pero por ahí da.

“No —se dice—, no da, no puedo ir a la final, casarme e ir a Abu Dabi”. Después viene el tsunami de abril, mayo y junio… Cuando todo se va a la mierda y tiene que empezar a tachar. Tachó, tachó y tachó. Si pasaba, iba a tener que verlo desde casa. Pero el casamiento el 8 de diciembre a las 19 queda firme.

La firmeza le duró hasta el 31 de octubre, a las 23. En el momento en que Boca empató con Palmeiras y se confirmó la final impensable. Ese día y a esa hora su cabeza empezó a funcionar en modo licuadora.

—Pará, Matías, te vas a casar, negro, dejate de joder con River —le decía Diego.

—Diego,¿vos te das cuenta de la boludez que estás diciendo? Es “la final del mundo”, única en la historia, irrepetible, si perdemos me tengo que ir del país, tengo un nudo en el estómago desde hace dos días, no puedo dormir, no tengo hambre, no puedo pensar, hasta el 24 de noviembre va a ser un parto, voy a estar en animación suspendida, después no sé qué será de mí.

—Escuchame, forro: si la jodés con esta mina, sos el pelotudo más grande de la historia; no te lo vas a perdonar nunca.

—Ya sé… ya sé, pero qué querés, es más fuerte que yo.

40 días terribles, insoportables, que no se le pasan nunca. Los 40 días antes de su casamiento.

5.

Ocho jugadores de Boca están en el área, incluido el arquero Andrada, sólo Olaza se mantiene fuera cuidando a Quinteros, que es el único de River que no defiende. Los otros diez están alrededor de Armani, deseando que la redonda los encuentre primero a alguno de ellos. La pelota termina la comba descendente casi sobre la cara de Armani, con el arquero rival encima de su cabeza. El 1 no quiere lío y le pega un puñetazo para arriba mandando la pelota afuera del área sobre su izquierda. Quinteros la ve venir y, con Olaza encima, corre a buscarla hacia la medialuna. Llega de espaldas, improvisa un taco hacia el medio, que le sale mal, pero es suficiente para superar a su marcador. Eso le da el instante que necesita para acomodar el pie y darle chanfleado y fuerte para adelante, lejos, hacia la derecha. De memoria, para el que se anime a picar después de 122 minutos de correr.

Cuando patearon el córner El Pity Martínez estaba parado en el área chica, cerca del primer palo, y ahora empieza a correr al ver el rechazo de Armani. Cuando la pelota le llega a Quinteros está dos metros delante de Izquierdoz, el último hombre de Boca, el único que va a intentar alcanzarlo. Matías se pone de pie y, sin dejar de mirar la pelota, lo ve al Pity. Lo ve correr como si recién empezara el partido. 60 metros por delante.

Dicen que el pity está loco, tan loco como Matias que desde hace 4 dias perdio la razon.

6.

Buenos Aires

Noviembre de 2018

Al fin la espera terminó. Es sábado 10 de noviembre, día de la primera final. El que empieza con un diluvio; Matías se debate entre el dolor de panza y el Valium que le atonta la incertidumbre. “Pensá un poco en mí, en tu familia, en tu novia que te espera y te necesita”, le ruega su madre, aterrada por noticieros que anuncian inminente epidemia de muertos cardíaco-futboleros. Pero la lluvia increíble suspende todo. Y el domingo otra vez a padecer, que se juega, que no, que lo deciden a las 11 de la mañana.

Finalmente se juega a las 4 de la tarde.

El 2 a 2 deja todo igual. Matías sobrevive a duras penas.

—Es hasta el 24, amor, te prometo que si ganamos no jodo más ni con el mundial ni con nada. Sólo voy a estar para vos.

—¿Y si pierden? —pregunta ella, después de la enésima pelea contra este amante inmaterial al que resulta imposible vencer.

—Me va a costar —mira para abajo—, me va a costar…

Pasa el bochorno del 24, las piedras, las corridas, la vergüenza, las sospechas. Pasa el 25, se suspende de nuevo y Boca pide que le den el partido por ganado.

Otra vez revive el calvario silencioso, igual que le pasó contra Gremio, de quedar eliminado en el escritorio. No se puede concentrar. Mira el celu cada dos minutos buscando conocer la sanción del tribunal de disciplina. Que sale el martes, que no. Que sale el miércoles. Qué al final no. Cada notificación de noticias que llega a su celular es sufrir la inminencia del Apocalipsis eliminatorio. Finalmente, el jueves, aparece el presidente de la Conmebol y dice que la final se juega el 9 de diciembre en Madrid.

—Mati, mirate la jeta que tenés, parece que venís de un velorio, dejate de joder, hermano —le dice Diego al encontrarlo después de recibir la noticia.

—Mi River en el momento más importante de la historia y yo en Punta Cana sin saber si voy a poder verlo.

—Faltan 8 días para que te cases, esto pasa, te vas a olvidar, lo otro es lo importante. ¡Vas a estar de luna de miel!

—Sabés que no me voy a olvidar nunca.

—No tenés arreglo, hermano.

El miércoles 5 suena su celular.

—¿Matías?

—¿Quién habla?

—El Ferchu, tu padrino.

—¿Quién?

—Ya sé que no estuve muy presente mucho tiempo últimamente, pero tengo una propuesta para vos. Acordate quién fue él te regaló la primera camiseta de River.

—¿Vos? Perdoname pero no sé de qué me hablás, además estoy ocupado y tengo que cortar.

—Pará, pará, escúchame: tengo que proponerte algo importante pero me tenés que contestar hoy.

—Te dije que tengo que cortar.

—Tenía todo cerrado para ir a Madrid a ver a River con mi pibe y este se me bajó a último momento por un tema de laburo. Fue ahí que me acordé de vos. “¿Y el Mati?” pensé y por eso te llamo, ahijado. Está todo pago por mí, aéreo, traslados y entrada. ¿Te venís?

Matías entra en trance. Se le paraliza el cerebro.

—¿Y?¿qué decís? ¿Estás ahí? Hola, ¿hola?

—¿Cuándo?

—Salimos en el último vuelo que puso Aerolíneas, el sábado 8 a las 23:30.

A Matías se le pone todo negro, todo le da vueltas, se sienta, no puede creerlo.

—Matías. ¿Estás ahí?

—Estoy… acá.

—Me asustaste, che, ¿qué te pasa? ¡Ni que te hubiera propuesto que te casaras, che! Ja ja, ¡no te la esperabas, eh! Por un momento pensé que no eras más mi ahijado gallina.

7

El Pity cruza la mitad de la cancha y se va imparable hacia el arco vacío. Entra al área y le da un toque suave con esa zurda mágica, acariciando la pelota que cruza la línea de gol ante el delirio de la mitad del estadio. Diez segundos tarda en recorrer los 80 metros desde un arco hasta empujarla dentro del otro.

Los diez segundos más maravillosos que Matías jamás vivió. Grita, grita como nunca gritó un gol. Salta, se para arriba del asiento. Un loco más loco que ese otro loco que corrió casi 80 metros.

—¡Campeones de América! ¡Pity, Pity! —y llora.

Mira y mira sin poder creer lo que ve, extasiado grita y llora, llora y grita.

Abraza con fuerza al madrileño que intentó protegerlo del infarto y sigue saltando.

—Este chaval no va a durar mucho así.

Cuando se calma un poco, siente que le rodean la cintura. Las lágrimas le vuelven a caer. Cuando se da vuelta, sus ojos se encuentran con esos ojos verdes que lo vuelven loco. Loco por River. Loco por Sofía.

Un comentario en “LOCOS

  1. Hermoso!!!!! Final feliz, romántico!!!! Mientras lo leía tenía un nudo en el estómago esperando el desenlace… Muuuuuuy bueno!!! Me encantó!!!!
    Impecable!!!
    La nota de color: el plateísta español que quiere evitar el infarto de Matías… un lujo!!!
    El diálogo de la madre para que aporte un mango a la casa, el amigo que le quiere bajar un cambio y la aparición del padrino, le dan un dejo de realidad muy bueno.
    Sos groso!!!! Te felicito!!!!

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