Ιουλιέτ

(La que es de fuerte raiz)

Cómo describir las sensaciones que alumbraste en mi vivir, cuando me hiciste nacer papá.

Crecimos juntos entre pochoclos y pirulines, alegrías y llantos, con Aladinos, reyes leones

y momias.

Todavía puedo escucharte en la bici sin rueditas decirme que no te vaya a soltar, cuando

hacía rato que andabas por las tuyas sin notarlo.

Y después disfrutar las aventuras cuando, como dos colonos, explorabamos aquel Parque

que ibamos a conquistar, montados en nuestros caballos de hierro.

Suenan en mis oídos tus inolvidables recitales del living y el exquisito piano que baila hoy

bajo tus dedos.

Te atesoro en mi memoria y también en mi presente, donde te veo volár sola, con alas

desplegadas hacia nuevos mundos por descubrir.

Me reflejo en tus cumbres y en tus valles, en tu vocación y en tu fragilidad,

Celebro el amor que llegó a tu puerta y celebro verte feliz con él.

Orgulloso te veo luchar con pasión y entrega contra los fantasmas que atormentan las

almas de aquellos que buscan en tus palabras un poco de paz.

Ruego que lo Eterno te envuelva con su abrigo cada mañana, y con su cuidado te cobije cada noche

Feliz cumpleaños, hija querida

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