Ser Feliz —Parte 3 —final—

¿Es posible?

“La felicidad es como una mariposa, cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves tu atención a otras cosas, vendrá y suavemente se posará en tu hombro”. Henry David Thoreau (1817 – 1862)

Ahora bien, ¿Se puede lograr el bienestar?

En mi opinión, el logro del bienestar se basa en cuatro ejes:

En primer lugar, la mayor o menor sensación de bienestar está relacionada con la diferencia entre que deseamos y lo que tenemos.

Entonces sentirnos bien es una relación entre expectativas y logros: cuanto menos esperamos y más tenemos, mejor nos sentimos; y así a la inversa, cuanto más esperamos y menos tenemos, peores son nuestras sensaciones.

Cuando nos sentimos mal con nuestro presente, deberíamos preguntarnos: ¿qué estoy esperando conseguir? ¿Puedo lograrlo? ¿Cuánto debo invertir? ¿Cuánto tengo? ¿Es poco? ¿O me estoy dejando llevar por ideas en las cuales no he meditado?

A lo largo de años de experiencia clínica, he aprendido que el bienestar o el malestar que cada uno de nosotros sentimos no está ligado únicamente a lo que nos falta o a lo que poseemos, ya que, a priori, ningún hecho por sí mismo nos asegura el bienestar, y es un error pensar que poseer esto o aquello asegura la felicidad. He conocido el rostro de la infelicidad en aquellos que tenían lo que al otro le faltaba y por lo cual el otro también era infeliz. Con esto digo que, exceptuando situaciones de tragedias, lo que percibimos tiene fuerte relación con la actitud con que vivamos lo que nos toca vivir y con idealizar lo que nos falta, atribuyéndole a esa falta la capacidad de brindarnos las sensaciones placenteras que sentimos imperioso tener y sin las cuales pensamos que no podemos vivir

En segundo lugar, la vivencia de bienestar está ligada al concepto de armonía entre las distintas facetas de nuestra personalidad. Desde lo somático surge el término homeostasis como aquella capacidad biológica de mantener el equilibrio interno entre los distintos sistemas corporales que, lejos de ser una idea ligada a la quietud, está impregnada de un intenso dinamismo por mantener un equilibrio siempre inestable entre los distintas partes que forman nuestro todo corporal y anímico (intereses, pasiones, que inundan el alma y el cuerpo).

Se puede decir que la predominancia intensa y excluyente de un factor sobre todos los otros en forma sostenida nos aleja de la posición de bienestar, ya que el mismo tiende a constituirse como imprescindible, generando así respuestas ansiosas. Por otra parte, a medida que nos alejamos de los extremos, surge el bienestar como resultante natural de respetar nuestros equilibrios.

En tercer lugar, nuestra sensación de bienestar está ligada con la calidad y abundancia de nuestras relaciones sociales (hoy también conocidas como redes) ya que somos seres gregarios, por lo cual siempre necesitamos el contacto físico y emocional con los otros semejantes significativos para nosotros. Si logramos hacer prevalecer el cooperativismo sobre el natural sentido de competencia y toleramos el monto de frustración que la cercanía de los narcisismos provoca, cediendo y reclamando en un juego de equilibrios dinámicos, estaremos construyendo nuestro bienestar.

Esto no es tan sencillo, ya que no depende solo de nosotros mismos, sino de nuestros contextos familiares e historia que condicionan nuestra capacidad de vincularnos y de las peculiaridades de aquellos que nos rodean, pero siempre existe un margen de libertad para tomar conciencia de lo que nos pasa y realizar cambios que nos permitan acercarnos a otras personas.

En cuarto y último eje y, en mi opinión, el más relevante, el logro del bienestar está conectado con el hallazgo de la vocación, o en otras palabras, del sentido de la vida.

Victor Frankl manifestó que el hombre es un buscador permanente de sentido y hasta que no lo encuentra, se halla perdido y desamparado. El sentido de la vida tiene conexiones con encontrar nuestro destino, para algunos, o la voluntad de Dios, para otros.

Considero que encontrar el sentido de la vida es un camino, una dirección, un “hacia donde”. Es preguntarnos acerca de cuál es nuestra misión en el mundo, no es sólo vivir eventos aislados e inconexos en los que las más de las veces somos espectadores, sino experimentar procesos, siempre relacionado este sentido que buscamos con el generar hechos que impactan positivamente en nuestros semejantes, sea desde el arte, la acción social, el desarrollo de una tarea profesional… Pero siempre, de un modo directo o indirecto, nos conecta con la mirada o la vida de nuestros pares y al mismo tiempo con lo infinito, con lo que nos trasciende, ya que todos, seamos o no creyentes, poseemos un anhelo indudable de inmortalidad y trascendencia que, en mi opinión, se debe a que somos seres eternos llamados a traspasar esta actualidad que nos desafía y condiciona.

Es por ello que el hallazgo del sentido de alguna manera ocurre cuando el milagroso encuentro entre el inconsciente humano y lo absoluto tiene lugar en lo profundo de nuestro espíritu, y desde allí nos dibuja el camino del encuentro hacia el otro…humano.

Sin el hallazgo del sentido vital nos sentimos perdidos y desapasionados, por eso es crucial esta búsqueda. Está en nosotros trabajar día por día en hallarla, en el medio de las circunstancias que la vida nos presenta, a pesar de las dificultades y sinsabores. Una y otra vez luchemos por mantenernos dentro del camino, dentro de la senda, dentro del sentido para nosotros creado, porque entonces existe la posibilidad…De que seamos felices.

Para finalizar, digo entonces que sentirnos bien es resultado de una suma de factores convergentes en donde, en primer lugar, es necesario tener las necesidades básicas satisfechas y una vez logradas, es el encuentro profundo con nuestros semejantes, y por último el hallazgo del sentido vital, lo que permite integrar nuestra doble naturaleza, física y espiritual, acercándonos a la sensación de bienestar que es capaz a veces de sostenernos aun en situaciones dolorosas, ya que nos conecta con lo absoluto y nos proyecta hacia la eternidad.

“La felicidad no es una pisada en el camino, sino una forma de caminar la vida”

Viktor Frankl

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