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5 Estar dentro de un espacio cerrado era lo que le costaba más de su función, pero la presencia de Balto lo ayudaba, en ocasiones excesivamente, ya que solía masticar un asiento o la mesa del comedor cuando se aburría. Todo estaba tan ensayado que no quedaba lugar para la incertidumbre y la mayoría del tiempo lo dedicaban a mantenerse en forma.

La única situación realmente compleja del viaje era atravesar la zona conocida como “el enjambre”. Así llamaban al cúmulo de asteroides cuya órbita se debía cruzar antes del arribo, que desde hacía diez años se interponía en la trayectoria hacia Marte y lo haría por cinco años más. Requería que el espacio fuera monitoreado en forma minuciosa durante las próximas 18 horas. Desde la tragedia de la nave Escorpio 16, en el 2050, atravesarlo era un desafío mayúsculo, tres naves chinas habían sucumbido ante él en los últimos tres años. Marga y John fueron despertados para cumplir esa tarea. 

El día D-4 para el amartizaje comenzó igual que todos, pero la preocupación se percibía en el ambiente: todos estaban inquietos, tensos. Marga y John se quedaron en la estación de monitoreo, Ignacio se tomó media hora para la rutina de ejercicios matutinos. Habrían pasado diez minutos cuando le pareció oír un grito ahogado de Marga, seguido por el sonido de la alarma de colisión. Ignacio salió eyectado del gimnasio hacia el puente de mando.

La alarma combinaba un sonido estridente junto a luces rojas y amarillas que llenaban toda la nave, a lo que se sumaban los ladridos de Balto, tan asustado como él. Corrió a través de las dos cubiertas, se sentó en el asiento del piloto, aseguró el anclaje de Balto y exclamó:

–¿Qué pasa, Marga?

–Pues que no sé, hombre, estaba todo bien, ninguno estaba en posición peligrosa y de pronto… Puta madre, este gilipollas de Alan encendió todas las alarmas.

–Alan –dijo Ignacio en voz alta.

Alan era el cerebro electrónico de la nave, programado para casi todo, aun para evitar colisiones.

 –Asteroide de 12 metros, acompañado de uno secundario, en órbita elíptica alrededor del primero, de 3,5 metros acercándose a 13.480 mts por segundo en trayectoria de colisión con Sagitario, tiempo de impacto calculado en 5 minutos y 22 segundos.

–¿Daño estimado?

–Destrucción total de la nave. 

–¿Probabilidad de maniobra exitosa?

–Por la cercanía y velocidad, 3%.

–¿Por qué no fue detectado antes?

–Venía con el monitoreo de un enjambre en el sector ocho, señor, sus características hicieron que la gravedad del secundario hiciera rotar la órbita del primario que chocó contra otro y se desvió hacia nosotros en el último instante, entonces encendí las alarmas, mis disculpas, señor.

–¿Recomendaciones, Alan?

–Rezar, señor.

–¡Ay, Dios, Ignacio, que nos matamos, Jesucristo! 

–¡Marga! te necesito calmada. John, transfiere todo el control a mi consola. 

–Hecho, comandante.

Las naves espaciales estaban diseñadas en forma modular, de modo que en caso de emergencia se podía abortar la misión separando el módulo de supervivencia. 

 –Alan, ¿tiempo de aborto y desanclaje?

 –10 minutos, señor. 

Ignacio evaluó las opciones. Debía tomar una decisión. Su vida y la de sus colegas dependía de lo que hiciera durante los próximos 60 segundos.

 –50 segundos, señor.

La nave no podría rotarse como si fuera un avión, porque la estructura no lo resistiría. Era lenta y pesada, se partirían los enlaces que anclaban los distintos módulos que la componían. A pesar de eso, evaluó que encarar la situación como si Sagitario fuese un avión caza era la única salida posible. Conocía que sus posibilidades eran casi nulas, pero era eso o esperar el choque. En desafío a todos los manuales, escogió la única opción que creyó viable.

Sólo por 10 segundos iba a intentar transformar a Sagitario en un avión de combate, si pasaban 11 se partiría en tres o en cuatro, aunque era posible que sucediera a los 8, 9 o 10 segundos también. Pero con menos de 10 segundos el que los partiría sería el asteroide.

–Escuchen bien, la única posibilidad que veo es acelerar hacia arriba, como si nos persiguiera un misil.

–Ignacio, no la vas a poder acelerar lo suficientemente rápido, además la estructura no lo va a resistir, se va a partir. 

–John, esa roca viene a 50.000 km por hora directo a nosotros, se va a partir igual si no hacemos nada, ¿otra opción?

–La verdad no se me ocurre. 

–¿Marga? 

–Nnnnn, no se –estalló–, ¡Padre Nuestro que estás en los Cielos! ¡Ignacio!, ¡nos vamos a matar!

Ignacio miró a John y apretó la mano de Marga. 

 –¡Este hijo de puta no nos va a matar, vinimos para hacer historia y vamos a hacer historia! Rezá, pero rezá bien.

–Sí Ignacio…. Acá estoy cuentas conmigo

–30 segundos, señor –dijo Alan.

–Alan, asegura los anclajes –ordenó Ignacio, miró a sus colegas, y los dos asintieron. 

–Asegurados, señor, 10 segundos y contando…

–Pasar todo el control a mi mando,

–Realizado, señor, buena suerte. 

Entonces inspiró lo más que pudo y se lanzó. 

Rotó 45 grados hacia arriba el timón y aceleró, luego giró hacia la derecha, 9.. 8… 7… se oían los crujidos de toda la estructura de la nave, con alarmas que se sumaban unas sobre otras. 6… 5… 4… Siguió inclinando el timón. 

–50 grados –señaló Alan– 55, 60, 65… ¡Señor!

Ignacio tenía la vista clavada en el cronómetro: 3… 2… 1… 0.

Frenó con los retrocohetes a potencia máxima.

La nave se estabilizó y aún seguían allí. 

 Miró a Marga y preguntó 

–¿Alan?

 –Impacto negativo, señor, pasó a 1,5 metros de la popa.

 –¿Daños?

 –Descompresión en módulo 3, ya aislada, fuga de combustible en motor 2, cerrado, nada esencial, pero va a tener que trabajar duro para poder continuar con la misión. Felicidades, señor, salvó 7 vidas y rompió 13 reglas.

Estaban todos tiesos, sin poder entender lo que acababan de vivir y lo cerca de morir que habían estado 

–un metro y medio, que hijo de puta Ignacio, perdón comandante 

–la próxima vez acelero más–acoto con la voz quebrada 

–gracias Dios, gracias, gracias– recitaba Marga, sollozando

Ignacio se miró las manos temblorosos, puso en automático y se acercó a la gaveta de su derecha, la abrió y sacó una botella de vino mendocino de doce años, y ante la mirada de sorpresa de sus compañeros, la destapó y sirvió tres copas 

–celebremos nuestro nuevo nacimiento 

Brindaron y se abrazaron los tres gritando como en un estadio de fútbol

El sonido del intercomunicador holográfico puso frenó la algarabía. Se materializó el holograma del mismísimo general Lewis. 

–¿Qué carajo está haciendo, mayor González? ¿Jugando a los avioncitos de guerra? ¿Quiere matar a todos? 

–Evité una colisión con un asteroide, Señor 

–¿Qué?

–Alan transmití por favor 

–Transmisión en curso 

Las imágenes se desplegaron en 3D ante la mirada azorada del general y de todo Houston 

–Pero no es posible hacer esa maniobra…. 

Las imágenes se repetían una y otra vez volviéndose más y más increíbles 

–General, solicito autorización para despertar al resto de la tripulación–Ignacio sacudió el asombro provocado por su osadía 

–Concedido…, muchacho usted acaba de hacer historia hoy, lo felicito 

–Gracias Señor, fui bien entrenado 

 –Pasen comunicación y enlace a Marinelis, Houston fuera.

El holograma se desvaneció y se quedaron solos, con el silencio rodeandolos

 Ignacio se dirigió hacia el sector dormitorio, a despertar a sus queridos amigos mientras todavía temblaba del susto y también de alegría de seguir vivo.
 Habían pasado 72 horas y el panel de monitoreo indicaba 7 horas, 23 minutos para el amartizaje 
Todos ya se encontraban en sus puestos listos para la fase final.

La pantalla principal se iluminó con una frase intermitente que parecía de un portal de últimas noticias 

“Fase de descenso activada y en curso”

–Aquí base Marinelis , Sagitario, ¿como vas ?

–Todo ok Marinelis, en orden y en curso previsto 

–Sagitario tenemos algo que mostrarles que acabamos de recibir de Houston 

–Adelante Marinelis.

La imagen del Empire State iluminado con el celeste y blanco de su amada Argentina y el 25/5/2044 debajo con su rostro llenó la pantalla .

La nave se llenó de vítores y aplausos 

–¡Come on Nacho , give hard!

–¡Dale è possibile! 

–¡Vamos hombre que tu eres el héroe hoy! 

Yuri dijo algo inentendible en su ruso natal para seguir la tradición espacial de bendecir al piloto antes del descenso en sus idiomas maternos y Balto hizo lo suyo llenando de ladridos el momento más importante del vuelo.

–Marinelis aquí Sagitario IV, pasando a control manual 

–Autorizado Sagitario, Marinelis fuera, buen amartizaje 

El módulo de descenso se separó de Sagitario y comenzó su caída hacia el valle .

Ignacio contempló junto a Marga la enormidad del paisaje marciano y mientras conducía el descenso, no pudo evitar que lo emotivo se hiciera presente, y los ojos del niño que observaba el cielo permanecían aún en él 

“Gracias abuelo por esto, sabes que mis ojos son los tuyos”.

Se concentró nuevamente en la tarea y condujo con pericia la siempre difícil maniobra del amartizaje.

En el medio del viento cruzado pudo posar la nave como si fuera una caricia en el rostro de su amado Marte.

Con ya todo apagado y posados en la superficie, los aplausos no se hicieron esperar.

Ignacio intentó decir algo significativo pero sólo atinó a agradecer a todos 

–Estuviste brillante, dijo Marga 

Sus ojos tiernos lo llenaron de caricias.

Tres horas después estaba frente al valle inmenso del cañón.

Inspiró profundamente y comenzó a recorrer los trescientos metros que lo separaban de la base sin dejar de contemplarlo todo.

Esta vez estaba despierto.
Bitácora del capitán:

En el tiempo previsto el vehículo de descenso se posó en la base marciana Marinelis, situada en el ecuatorial cañón homónimo del centro del planeta.

 Sagitario IV amartizó con normalidad el 25 de mayo de 2044 a las 22:39 hora de Houston,.

Firmado: 

comandante Ignacio González Freire.

Un astronauta argentino por primera vez en la historia posó sus pies en otro mundo.

P.D.

Año 2048

Efemérides espaciales:

Mayo 

Día 21 : Maniobra Ituzaingó 

Maniobra realizada por el astronauta Argentino Ignacio González Freire en la misión Sagitario IV en el año 2044 para evitar una colisión inminente con un asteroide.

La misma forma parte del de la enseñanza en el programa de entrenamiento astronáutico, y su práctica en situaciones similares ha salvado decenas de vidas

 

 

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