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Santiago salía a caminar todas las mañanas a la misma hora.
Le gustaba recorrer el mismo sendero por el bosque cada vez.
Cuando llovía se quedaba en casa donde usaba la cinta que tenia en su pequeño gimnasio hogareño.

Esa mañana de domingo era ventosa y fría, pero el sol invitaba a la aventura.
Lo que lo atrapaba era la soledad del amanecer. Correr mirando los arboles que parecían enmarcar su camino y oler su perfume era una sensacion inigualable.

El bosque estaba desierto a las ocho de la mañana y la música clásica retumbaba en sus oídos mezclándose con el sonido del choque de sus pies contra el piso de tierra y piedras en cada paso.

Le pareció que era una nota desafinada de su dispositivo la primera vez, la segunda no tuvo dudas: era un grito.
Se sacó los auriculares y se quedó en silencio un instante.
— ¡no me mates por favor! Suplicó una voz de mujer, a lo que le siguió un estruendo y después solo el silencio.
Venía de la casona que estaba a su izquierda.
“No es mi problema” pensó, pero no se movió, espero y nada..

 

—¡Nooooooo!—El mismo grito de nuevo.
Tomó el teléfono y apretó el 911 pero dudó, “no hay tiempo”
Esa voz femenina le atravesó el alma.
Guardó el teléfono y se acercó a la entrada, tenía un portón de hierro de dos metros de altura y con pinches en su parte mas alta.
Parecía todo desierto y en silencio.
Imposible entrar.

Buscó entre la libustrina y encontró un hueco pequeño por donde podia pasar.
Otra vez el grito desgarrador y su ambivalencia se disolvió.
Entró.
La casa estaba como a 20 metros de distancia, la puerta balcón estaba abierta y las cortinas eran sacudidas hacia afuera por el viento.
Se acercó con cuidado y a un metro aguzó el oído, pero no escuchó nada.
¿Que hago? Alcanzó a pensar, antes de que el golpe lo sacuda desde atrás y lo arrojó directamente dentro de la casa.
Los golpes y patadas siguieron en el piso sin que pudiera darse vuelta para defenderse.
Alcanzó a ver un zapato dirigirse hacia sus ojos, un intenso dolor y luego la oscuridad.

El informe de la autopsia dictaminó ” Causa de muerte: hemorragia cerebral traumática” y el hecho fue caratulado como exceso de legítima defensa .
Ante la policía Jose Luis alegó que estaba cansado de que le entraran a robar, que cuando lo vio ahi se cegó y perdió el control, no entendía como le pasó, que él no es violento, que tenía que estar durmiendo a esa hora un domingo.
Esa noche tuvo insomnio y se había puesto a mirar clásicos de Hitchcock, sus películas preferidas.
Esa mañana veia una y otra vez la escena donde el asesino entra al baño y la mujer grita en la ducha mientras es apuñalada:
“Nooooooo”

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