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Es andar a tientas a través de la niebla
sin ver más que nuestros pensamientos
Y nuestra angustia.

Es aprender a confiar, sin certezas, en una historia que alguien nos contó.
Es perforar las dudas que nos asaltan en cada recodo de nuestro recorrido y que se adhieren a nuestra piel.

Es desafiar los miedos que nos revelan la fragilidad en la cual somos,
es confiar en que el universo que vemos, esconde una realidad que lo trasciende y lo sostiene.

Es concebir que en esas pequeñas y vulnerables criaturas, que viajan en una pequeña roca que flota en el espacio infinito, la materia se volvió consciencia,

Y desde entonces es buscadora ansiosa, del sentido de su ser.

Es creer que aquello que amamos es eterno.

Es confiar.
Confiar en un Dios bueno.
A pesar de lo que vemos,
a pesar de lo que no vemos,
a pesar de los que extrañamos,
a pesar de la soledad,
a pesar del dolor,
a pesar de lo que no entendemos,
a pesar de la injusticia,
a pesar de la incertidumbre.
Pero también por la alegría,
y por el amor.
Por la amistad,
y por la compañía.
Por la belleza,
y por nuestros amores.
Por el placer y las sensaciones,
por ver y por oír.

Por el sentido y por la vida,
que sigue siendo un don
que volvemos a elegir.

 

Fe es tomar el riesgo
de ir tras una intuición grabada en lo profundo de nuestra alma.
De que el amor cobró vida,
la hizo eterna.
Y busco compartirla
y para compartirla, nos salió al encuentro.
Y nos amó
a todos,
a cada uno.
A ti
y a mi.

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