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En este segundo párrafo, Jobs se refiere al amor y a la pérdida.

Y mi reflexión es que el dolor y la entrega son sensaciones compañeras en algunos especiales momentos de nuestra vida, ya que siempre que descubrimos el amor, la fragilidad se muda a nuestro lado, se acobija en nuestro pecho, la vulnerabilidad de lo transitorio nos envuelve, justo en ese instante que nos descubrimos eternos. 

Y lo que hace que lo que amamos sea tan valioso es precisamente su fragilidad, que conlleve implicita la posibilidad de perderlo.
Y cuando lo que amamos no es una persona sino que es un sueño, sueño que anhelamos porque sentimos que nos define como personas y que es parte de nuestro destino y por alguna extraña razón, se derrumba cuando casi le vemos a nuestro alcance, podemos sentir que todo se desvanece, que quizás nada ya tiene valor y la derrota nos sumerga en el desasosiego.

Pero en algunas ocasiones los golpes son capaces de generar dos cosas:

La primera es que somos limitados y que debemos aprender mucho todo el tiempo, que lo que creemos de lo que es mejor para nosotros muchas no lo es.

Nos enseña humildad 

Y lo segundo es que la caída cambia la perspectiva de cómo vemos la realidad.

Existen cosas que sólo se comprenden si se observan o bien desde muy alto o bien desde el piso, y es desde esos lugares que se descubren sendas que nunca se hubieran visto de otro modo.

Nos enseña la vida desde otro punto de vista.

 El dolor nos cambia y ese cambio a veces genera en nuestro interior caminos nuevos que nunca pensábamos que iríamos a recorrer y que terminan definiendo sin buscar quienes somos en la vida.

Nunca, pero nunca, debemos dejar de creer.

Para concluir dos citas finales que siempre me enamoraron:

“Debes amar el tiempo de los intentos¨ (Silvio Rodríguez)
“El sentido de una oración no se percibe hasta que se pone sobre ella el punto final” (Boris Cirulnyk)
El sentido de una vida solo se completa cuando se pone sobre ella el punto final 
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