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  1. Hoy el viaje será tranquilo. Sábado, dos de la tarde, combi medio vacía, autopista desierta. “En veinte estoy en el centro”, pensé mientras cerraba los ojos.

Me despierto porque se frena el tránsito.

“¡Un accidente! ¡Hoy también! Ni un sábado safo”. Me resigné.

Me asomo y veo que estamos a la altura de Ciudadela. El accidente parece ser serio, hay tres carriles cortados. Miro el reloj.

Flor de palo se pegaron. Un camión chocó a un micro escolar que parece haberse incendiado en su parte lateral, también hay un auto pequeño en el medio, carbonizado. Bomberos, patrulleros y ambulancias. No veo gente herida, quizás están muertas o se las llevaron al hospital.

Suena en mi mente las estrofas de “Fragilidad”: “Todo es frágil, tu costumbre de amarme, mi fe, el silencio y la vida que duerme en un vagón de tren”.

La combi sigue su camino y un rato después me había olvidado.

2— Reportando a central: siniestro de tránsito triple, kilómetro 14,250, autopista del oeste, mano capital, dos vehículos pesados, uno carbonizado en su lateral izquierdo y uno liviano comprimido y carbonizado en su lado derecho.

Dos N.N. masculinos heridos, trasladados a hospital Carrillo, un óbito femenino, N.N. de alrededor de treinta años, blanca, conductor de vehículo automotor siniestrado

3.—¡Muy buenas tardes! ¡Tremendo lo que estamos viendo! Aquí en la Autopista del Oeste, a unos dos kilómetros de la General Paz, terrible accidente. Lamentablemente tenemos que informar un triple choque de un camión que, según algunos testigos, habría roto el eje trasero y se llevó por delante un Peugeot 208 que a su vez colisionó con un micro escolar que se incendió.

El automóvil, que al parecer iba por el carril lento, quedó atrapado entre los vehículos de gran porte. Era conducido por una mujer que lamentablemente falleció. Los otros dos conductores están internados con heridas de diversa consideración, pero fuera de peligro.

Como pueden observar, hay ambulancias, bomberos, policías y una gran congestión de tránsito hacia la Capital Federal.

Reiteramos, tremendo accidente fatal en la Autopista del Oeste, casi sobre la General Paz, que genera enormes demoras en el tránsito hacia la ciudad de Buenos Aires.

Volvemos a estudios.

4.—¡Ay Ofelia, siempre lo mismo querida! ¿Te acordás cuando esto era una avenida nada más? ¡Toda la autopista iba a estar soterrada! ¿Te acordás lo que decían esos desgraciados? Que no se iba a escuchar nada…

Y justo en estas tres cuadras viene a pasar a quince metros de la ventana del living. ¡Quince metros! ¡Ahora el ruido tooooodo el santo día y estos choques terribles que ni el fin de semana nos salvamos!

Recién escuché la frenada y el estruendo y pensé: “Este es serio”. Siempre estoy pendiente que no sean los chicos que van por acá seguido. Para mí que hoy hubo heridos.

A ver qué pasa… Dale vení Ofelia, ¡no seas miedosa! Acompañá a la Leticia que siempre está cuando la necesitas.

¡Uy! Están los bomberos, ¿no te dije que era grave? Seguro murió alguien. Dios no lo permita. ¡Cuánta gente! Qué chusma que son todos, no se ve nada. ¡Permiso por favor! A ver señor oficial, permiso. ¿Cómo que no puedo pasar? Señorita, dígale al oficial que soy la Leti de acá a la vuelta. ¿Vio oficial? Permiso… Vení Ofelia ¡Dale! A ver que pasó esta vez.

¡Uyyyyy uyyy! Me parece que hay una chica muerta. ¡Ay sí! ¡Ofelia! Le vi los ojos abiertos y duros, ¡ay que me parece que no tengo aire! ¡Dios qué terrible! ¡Ofeliaaaaa sacame de acá! No se para qué me trajiste, ¡siempre la misma chusma vos! 

5. Nunca lo pensé. Se me cruzó cientos de veces por mi cabeza porque siempre fui bastante fatalista, pero hoy me levanté con buen ánimo y ganas, era el cumpleaños de Natalia y hacía mucho que no la veía.

Se le ocurrió hacer un festejo en Las Violetas a las 4. Ahí fui. La verdad es que no me gusta mucho ir por la autopista, pero no hay otra manera de llegar a la Capital masomenos a tiempo, así que voy por el carril más lento, me siento más tranquila así.

Casi llegando a la salida de General Paz, escucho un estruendo seco, fuerte y muy cercano. Instintivamente miro por el espejo izquierdo y veo una mole que viene directo hacia mí, sacándole chispas al asfalto. Lo tenía a cinco metros como mucho. Con toda mi fuerza, volanteo hacia la derecha. “¡Dios dame un segundo!” recuerdo que pensé antes de sentir el golpe espantoso desde la derecha y un dolor agudo en las piernas que se fue tan rápido como llegó, porque no las sentí más.

En realidad no me dolió más nada. No me podía mover. Los ojos sí, un poco. Sentí calor en la cara y humo, mucho humo. Lo raro es que no sentía miedo sino una extraña paz. Empecé a toser, me dio mucho sueño y ya no recuerdo más.

Eso fue todo. Me fui casi sin sufrir y sin darme cuenta. En el momento menos esperado de mi vida, cuando menos lo imaginaba, pasó.


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