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Dolor inevitable.

Dolor insoportable.

Dolor del cuerpo.

Dolor del alma.

Que irrumpió sin pedir permiso

y se queda para siempre.

De a poco se convierte en mi compañero,

como un extraño que me habita.

Pero ni siquiera es alguien contra quien pelear.

Quizás sea mi mente, que se incendia y se destruye sola,

quizás por mi culpa, por los conflictos que no pude ver,

quizás es sólo porque sí, simplemente porque soy humano,

o quizás fue Dios, buscando cambiar algo en mí.

Dios que duele.

Dios que lastima.

Dios que interroga.

Dios que destruye lo que creó.

Que parece estar ausente,

que parece haberse ido a algún lugar lejano.

Su ausencia me inunda de interrogantes.

Interroga mi ser entero,

mi pensamiento, mi sentimiento,

mi afecto, mi fe.

Me voy volviendo otro sin percatarme

y recuerdo al que fui,

y me reconozco,

y me desconozco.

Curiosa paradoja,

metamorfosis inversa

de mariposa a oruga,

de volar a arrastrarme,

sólo porque estoy vivo,

sólo por eso,

sólo porque me toca.

Entonces peleo.

Más que siempre, más que nunca,

más lejos que lo que soñé,

con todas mis fuerzas.

Cruzo océanos,

descubro historias,

recorro caminos,

antes que el dolor me paralice,

intento seguir volando.

Mientras tenga alas

y las alas vuelen.

Entonces me imagino como nunca imaginé

y me vuelvo palabras.

Palabras que alivian,

palabras que significan.

Palabras que buscan sentido

a lo que no lo tiene.

Palabras que me comparten.

Y espero por la ciencia,

ciencia que a veces libera al hombre de su inevitabilidad.

Quizás ella me alivie.

Espero por Dios.

Dios que a veces libera al hombre de su sin sentido.

Quizás él me acaricie.

Dolor que desapega al miedo, ya no me puede dañar.

Dolor que desapega al control, ya no lo poseo más.

Mientras lucho por mantenerme de pie,

el dolor sigue haciendo lo suyo,

transforma mi mente y mi rostro

cambia mi alma y mi sentir.

Resisto y desmayo,

resisto y me caigo,

pero me vuelvo a parar una vez, diez, cien.

Cada día, cada minuto detengo el sol, eternizo presentes.

Mientras lucho, me recuerda cada día en el espejo que sigue doliendo.

Dolor en el cuerpo, dolor en el alma,

y escondida en un recodo del espíritu,

un soplo de libertad.

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