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Llegaste a nuestras vidas porque tus ojos nos enamoraron.Fuiste un terremoto con tus patas de conejo y tus orejas desparejas que no se terminaban de parar.

Te encantaba el barro, comerte flores recién plantadas y traer el pasto a la puerta como ofrenda y trofeo.

Te enojabas cuando te quedabas solo y nos descolgabas la ropa tendida al sol, apoyándola en la puerta de entrada para que nos diésemos cuenta que eso no se hacia con vos.

Te escondías lleno de culpa cuando hacías lío y venias despacito suplicando perdón.

Trataste toda tu vida atrapar a nuestra querida gata y, como el coyote y el correcaminos, siempre te frustrabas en el último instante.

Fuiste valiente y guardián defendiéndonos de todos, siempre atento a los intrusos y a los amigos, a los cuales no dejabas ni entrar ni salir, pero sí estar, aunque los truenos te aterraban y corrías a acurrucarte junto a mí.

Nunca nos dejaste hablar con el buen vecino, hacias todo el escándalo posible para recordarnos que el importante eras vos.

Todavía te veo saltar alrededor de la cadena que atrapaba tu cuello, pero te regalaba una excursión al mundo que descubrías en la ventanilla del auto.

Fuiste nuestro eterno compañero de almuerzos y cenas, siempre esperando paciente el momento que te tocaba a vos.

Apoyabas tu morro en la mesa, inmóvil y tenso, y soportabas estoico la orgía de aromas que envolvían tu alma.

Comías melón, tomate, peras y sobre todo los inolvidables tallarines con tuco de los domingos, con tenedor, con la delicadeza y elegancia de un dandy.

La vida te golpeó varias veces y resististe siempre orgulloso.

Cuando llegó el tiempo de la vejez y el dolor, fuiste digno, enfrentándote a lo que te tocó con honor.

Nos enamoró tu mirada y te digo, querido amigo, que te tendremos por siempre bien dentro de nuestra alma.

Espero que el buen Dios te tenga cerca de Él, porque reflejaste para nosotros su bondad y se que vas a venir corriendo a saltarme en la cara cuando me toque llegar a mí, llenándola de besos.

Hasta entonces, te seguiremos extrañando, agradecidos cada día porque fuiste parte de nuestra vida.

Ayer nos dibujaste la vida, y hoy, todavía de vez en cuando, alguna lágrima se nos escapa al evocarte, lágrimas de gratitud y nostalgia

A tu memoria, querido amigo.

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