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Cuánto trabajo se tomó el buen Dios

en diseñar los mecanismos complejos e inigualables,

que todavía no pudimos imitar, para hacernos tan diferentes.

 

Ninguno igual al otro, parecidos pero distintos.

Una lengua tiene cada especie, miles los seres humanos.

Distintas razas, distintos rasgos, distintos gustos, distintos saberes.

A su imagen y semejanza nos creó el buen Dios, creador de lo diverso.

 

Imagino pues un Dios creador y creativo,

que se complace y disfruta de nuestra variedad,

como abanico de colores que llenan la vista.

Quizás sea sólo mi deseo, quizás.

 

Pero vaya a saber uno por qué queremos ser todos iguales.

Así construimos Babel, para tener una única lengua,

una única voz, un único pensamiento, una única ideología.

Él intervino para impedirlo… Inventando lenguas, nos señaló el camino.

 

Pero no aprendimos y  desde entonces la amenaza es el otro,

al que hay que suprimir, que quizás amenace nuestra individualidad.

Vaya paradoja son los que dicen llevar su voz, en cualquier cultura,

cualquier nación y cualquier fe, los que más temen a lo distinto.

 

Una única voz, pregonan.

Un solo pensamiento,

una sola manera de ser,

una sola palabra, una.

Un solo nombre.

 

Y así, en su nombre, o en el de otros más humanos,

hemos invertido la mitad de la historia

en encontrar y suprimir a los distintos,

sin preguntarnos ni preguntarles.

 

Sólo porque no creen como nosotros,

sólo porque no piensan como nosotros,

sólo porque no visten como nosotros,

sólo porque no hablan como nosotros,

sólo porque no desean como nosotros

O simplemente porque no los entendemos.

 

Y allí queda el buen Dios, preguntando por qué sus hijos

luchan por ser iguales, cuando Él los quiso distintos.

Muchas razas, muchas lenguas, muchas naciones,

muchos rostros, muchos pensamientos, Él creó.

 

Quizás buscaba nuestra riqueza al compartirnos,

y preferimos nuestra pobreza al ignorarnos.

En todos los distintos, Él encuentra un lugar para reposar, si se lo permiten.

 

Vengan y disfrutemos juntos lo creado, me parece oír.

Disfrutemos juntos la diferencia.

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