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Esperamos vivir muchos años.

Siempre nos parecen pocos.

Pasan volando.

 

Quizás vivimos rápido.

Transitamos por la vida con tal apuro

que todo parece fugaz.

 

Pensamos en la próxima meta.

Y la vida es un camino

en el que no solemos detenernos.

A contemplarla,

a admirar su belleza,

su majestuosa singularidad.

 

Esperamos tener dinero para tener cosas.

Tener objetos más nuevos

que se vuelven viejos apenas se posan

en nuestras manos.

 

Dinero para sentirnos seguros.

Dinero para sentirnos a salvo.

Y tarde descubrimos que lo más valioso

no suele poder comprarse con él.

 

Esperamos ser jóvenes por siempre

para así eternizar ese instante

donde todo puede ser posible.

 

Las frustraciones no llegaron.

Los compromisos aún esperan.

Pero la única juventud que nos queda

se parece a una máscara

que congela un instante.

 

Instante que deseamos eterno

y sólo se refleja en un espejo.

Esperamos ser poderosos

para tener el control.

 

De nuestras vidas.

De las de los otros.

De los que amamos.

De los que no.

De los amigos.

De los enemigos.

 

Pero no alcanza, necesitamos más.

Jugando a ser divinos.

Olvidamos ser humanos.

Esperamos ser exitosos.

Ser importantes.

Ser aceptados y deseados.

Considerados y poderosos.

 

Para escapar a la indiferencia

que desdibuja nuestro ser.

Que hiere el alma.

De la cual queremos huir.

Desde el día que vimos la luz.

 

A veces compramos el éxito,

pero nos quedamos solos.

Esperamos ser amados,

pero buscamos nuestro rostro en el otro.

 

Olvidamos el camino del encuentro

con lo diferente.

Buscamos la felicidad,

pero queremos satisfacción.

 

Sólo doy si me das.

Sólo miro si me miras.

Sólo amo si me amas.

Entonces esperamos.

Esperamos, esperamos…

 

Esperamos intimidad

más que cualquier otra cosa.

Con nuestra pareja.

Con los hijos.

Con los amigos.

Con nosotros.

Pero difícil es hallarla.

 

Cuando un destello de ella nos envuelve,

rozamos lo divino.

Nos acaricia la eternidad.

Pero sólo instantes la percibimos

y se nos escurre como arena.

Solo por un momento,

para volverla a ansiar.

 

Esperamos ser eternos

sin notar que ya lo somos.

Esperamos ser amados

sin percibir que ya lo somos.

Esperamos y esperamos.

 

Mientras somos esperados.

Por la eternidad que nos soñó

y todavía nos sueña.

Nos creó y todavía nos crea.

Nos amó y todavía nos ama.

Nos espera esperando ser encontrada.

Aguarda.

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