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El viajar es una experiencia peculiar,

es riesgo y es aventura.

Es conocimiento y es recuerdo.

Es desconocimiento y también novedad.

 

Es avanzar hacia el sol, ciego y con miedo,

pero curioso y entusiasmado.

Es adrenalina bajo la piel y escozor en el alma,

que crece con la lejanía de nuestra aldea.

 

Es imagen en el recuerdo de una foto que elevamos al cielo,

para que los otros al mirarla,

nos recuerden que lo que evocamos, existió.

 

Es recorrer el universo alejándonos de la seguridad

de la casa que cobija nuestra desnudez.

Es dirigir mis pasos hacia el encuentro de lo impensable.

Unir lo desconocido a lo cierto, lo nuevo a lo viejo,

creando algo distinto que de a poco se vuelve mío.

 

Viajar es imaginar, mirar, soñar, inventar

y después volver a vivir en el recuerdo.

Es sentirse Dios por un instante,

recorriendo momentos, tiempos, espacios, colores, sonidos y sombras.

Es asomarme al más allá, resistiendo la tentación de parecerlo al más acá.

Es traspasar los límites de lo que me parece real,

y encontrarme con una mirada divergente.

Es acercarme a lo distinto,

a lo que eriza la piel y tensa los músculos.

 

Sin embargo, no importa si recorro la vereda,

o la calle, transito la ciudad, subo montañas, cruzo océanos,

o en qué parte del universo apoyen mis suelas, cuán lejos me vaya.

Siempre el viaje mas intenso, el más novedoso y el más deseado,

es aquel que intento cada día al recorrer esa distancia

que existe entre tu corazón y el mío.

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